Algo tiene Vallekas. Será su compromiso con la lucha social, la solidaridad que existe entre sus vecinos o su capacidad de resistencia ante las adversidades… quién sabe. Así que cuando nos invitaron a ver el partido entre el Rayo Vallekano y el Athletic de Bilbao en el estadio local no lo dudamos ni por un momento.

¿Derbi antifascista? ¡Allí nos vemos!.

La mala noticia vino un par de días después. Cuando escuchamos por la radio que el emblemático Estadio de Vallekas cerraba sus puertas al público hasta nueva orden por el mal estado de su estructura. Resulta (decían) que en el último partido un niño se había desplomado sobre unos escombros y se podía sentir como la grada temblaba bajo la afición.

¿Pánico? ¿Tristeza? Entre todas las emociones posibles fue la rabia la que finalmente se instaló en nuestros corazones. ¿Por qué siempre al Rayo? ¿Acaso no es suficiente con sufrir hasta la última jornada? En la era de los grandes fichajes y los partidos en Estados Unidos el equipo de Vallekas sigue siendo el gran olvidado. Nadie ha tenido la motivación necesaria para afrontar la reforma que el estadio necesita.

Por enésima vez la afición rayista se movilizó. Convocaron una marcha a pie desde la calle Puerto del Monasterio que desembocó en el coliseo local. En esta ocasión además, lxs aficionadxs contaron con el apoyo de las peñas bilbaínas, que se unieron a un grito unánime que pasará a la historia de ambas hinchadas. Uno Nueve Ocho quiso estar allí.

Pongamos que hablo de Vallekas

El barrio forma parte de Madrid desde 1950 y en la actualidad supera los 310.000 habitantes en su tres demarcaciones (Puente, Villa y Ensanche de Vallekas).

Ya en los años 20 sus vecinos lucharon por unas comunicaciones dignas con la capital. Durante la guerra civil su posición estratégica en la defensa de la república le pasó factura y la aviación fascista masacró a la población, el fotógrafo Robert Capa fue testigo de los bombardeos. A mediados de los 50, con la llegada de mano de obra de las provincias limítrofes, Vallekas pudo recomponerse y recuperar su espíritu de clase. Ya en la transición sus calles pelearon cada una de las conquistas sociales y en los 80 tuvo que hacer frente a la proliferación de la droga y las expropiaciones de terrenos. Lo que fomentó la creación de asociaciones vecinales y colectivos que terminaron de imprimir el carácter batallador de esta zona al sureste de Madrid.

Un estadio para matar gigantes

El nuevo Estadio de Vallekas se inauguró en 1975. Un año después el equipo consiguió por primera vez el ascenso a primera división, siendo el campo un fortín frente a equipos grandes. Tal fue la hazaña que el Rayo empezó a ser conocido como “El matagigantes”.

Desde el 2002 (fecha en la que empiezan a notarse deficiencias técnicas en el estadio) la junta directiva del Club y los responsables de Deporte de la Comunidad de Madrid cruzan reproches, informes y promesas sin haber conseguido solucionar el problema. Por eso la afición mira a Raúl Martín Presa (Actual Presidente del Club) como la persona que debería trasladar a las administraciones la urgencia de las reformas, así como garantizar la seguridad de los aficionados rayistas.


Tanta incompetencia arroja demasiadas sombras sobre las verdaderas intenciones entre los políticos (responsables del estadio) y los empresarios que gestionan el Club. Ya se escucha hablar de pelotazos urbanísticos y chanchullos muy alejados del espíritu que el Rayo representa. Un club humilde, construido desde la base, que siempre que puede lanza un alegato a favor de la justicia social y el fútbol con valores.

Y llegó la manifestación

Fue el Sábado, a la misma hora en la que estaba convocado el partido. Llegamos a Vallekas bajo un calor intenso, desde el metro de Nueva Numancia se escuchaba la indignación que poco después rugiría por todo el barrio. Custodiados por lecheras de la Policia Nacional, miles de franjirojos marcharon dirección al campo mostrando un único mensaje: ¡PRESA VETE YA! impreso en camisetas, bufandas y banderas. En la cabecera se situó una comitiva formada por miembrxs de las peñas de ambos equipos y en la lejanía se veían algunas banderas del Athletic. Las latas de cerveza apagaban un poco el bochorno y desde las ventanas, espontánexs vecinxs levantaban el pulgar y saludaban con el puño en alto. Vallekas resistía, una vez más.

Estamos llegando al campo, el speaker vuelve a gritar desde el megáfono ¡Este es nuestro partido más importante¡ ¡No vamos a dejar morir el estadio! ¡Vallekas resiste!

Lxs aficionadxs se agolparon frente al estadio y un portavoz lanzó un emotivo discurso que puso la piel de gallina a los allí congregados. Aprovecharon para agradecer a lxs visitantes bilbainxs su apoyo en estos momentos y en sus rostros (familias enteras) se podían intuir algunas lágrimas. El fútbol está en peligro, en Bilbao también lo saben. Unos minutos después las dos aficiones entrelazaron sus manos para abrazar el estadio, una ola improvisada recorrió cada eslabón de la cadena, el partido estaba llegando a su fin.

Desde Uno Nueve Ocho queremos lanzar nuestro más enérgico apoyo al equipo por el que late nuestro corazón. Sigamos en la lucha compañerxs.

¡A las armas!