El pasado nos ayuda a conocernos. Aprendemos a descifrar quiénes somos y, sobre todo, quiénes fuimos. En qué fallamos y en qué acertamos. Nuestro pasado nos ayuda a entender el presente de otros y el porqué de ciertos actos. La historia nos demuestra que, a pesar de todo, puede haber evolución. 

Nuestro pasado está escrito, es cierto, pero no lo están los tiempos venideros. Aún hay fechas no escritas, tragedias no ocurridas y guerras no vividas. Hay paisajes de un verde intacto y cielos azules. Aún hay esperanza para el mañana. Pero, aunque todavía haya tiempo, éste no es eterno y tampoco perdona. 

No solo no debemos conocer nuestra historia para no repetirla. En nuestra mano está escribir nuevos logros, luchar contra la injusticia y seguir avanzando. Sobre nuestros hombros está el superar lo que aún hoy augura tanta oscuridad. Una mirada arrepentida dentro de unos años no será suficiente. La responsabilidad también es nuestra, y el momento es ahora. 

No podemos cambiar quiénes fuimos, 

pero podemos decidir quiénes seremos. 

El futuro es nuestro.