Es posible que te hayas preguntado si todo el esfuerzo para conseguir una sociedad más justa con las mujeres merece la pena. Si interrumpir a un conocido por un comentario machista o pedir en tu departamento cobrar igual que los hombres tiene sentido. Quizás sería más cómodo cumplir el papel que la publicidad reserva para nosotras y evitar conflictos innecesarios. Adoptar una postura sumisa para entregarnos a la creación de una familia modelo donde asumir la responsabilidad del éxito o el fracaso de la vida de todos, abuelos, maridos, hijos… Aparcar sueños, aspiraciones, para satisfacer las demandas de una sociedad que nos ofrece a las mujeres un espacio mediocre y casi siempre por debajo.

Desde 198 tenemos algo que decirte.

No hay razón para pensar que sea en balde.

La lucha de las mujeres por la igualdad es un camino interminable que ya han recorrido muchas antes que nosotras. Manuela Malasaña, Dolores Ibarruri, Clara Campoamor… son ejemplos inmortales que en entornos mucho más discriminatorios decidieron representar un papel fundamental. Quisieron ser las protagonistas de su propio futuro y dejar un testigo para las que hemos llegado después.

Ellas, fueron quienes entre telares, tribunas y aulas defendieron a otras mujeres que aún no habían encontrado la fuerza para enfrentar su realidad. Mujeres, como nosotras, que se negaron a ser menos que un hombre para brillar con luz propia. Aquel brillo creció con el tiempo hasta convertirse en un haz cegador, un ejemplo, una esperanza. Son tiempos duros, sí, pero estamos mejor que entonces. Sus nombres ocupan ahora las calles más importantes de la geografía. Siempre se avanza algo.

Mujeres

No es fácil, pero si hay algo propio de las mujeres es el sacrificio por los demás. Sea desde la ciencia, la política, el deporte, el arte o la acción social, deja que tu ejemplo impregne la historia de aquellas que están por venir.

Vestido Skate 198

Hacen falta mujeres en primera línea

Necesitamos hermanas mayores que enseñen a las pequeñas a quererse a ellas mismas y detectar la manipulación o el maltrato. Hacen falta maestras que eduquen en igualdad de género en los centros educativos. Necesitamos periodistas que deslicen su instinto entre líneas editoriales y grupos de comunicación. Son vitales aquellas mujeres que se protegen como una manada una noche de fiesta. Un aplauso para las enfermeras que reivindican sin cesar la sanidad pública, universal y gratuita. Hacen falta artistas que reflejen el horror contemporáneo en un nuevo Guernica. Saltadoras olímpicas que enseñen a las nuevas generaciones que no hay reto demasiado alto para una mujer. Concejalas, alcaldesas, que protejan a sus vecinas frente a quienes se están llevando a manos llenas el dinero de la colmena. Necesitamos policías íntegras y leales sin el rancio desparpajo de quienes se creen por encima del cuerpo. Inmortales costureras que remienden con mimo las redes de sus compañeras en el mar. Necesitamos ejecutivas que destierren para siempre el machismo del mundo de la empresa. Hacen falta, por último, abuelas, madres e hijas que construyan desde el amor y la igualdad el ámbito doméstico.

Y no, no estás sola.

Cuando te encuentres frente a un jefe déspota que amenaza con despedirte por querer tener un hijo, cuando vayas a denunciar a un exnovio acosador, cuando te silben por la calle o peor, te toquen alguna parte de tu cuerpo, ese día, justo en ese instante, acuérdate de este artículo y piensa que no lo estás haciendo solo por ti. Que no estás sola. Manuela, Dolores y Clara estarían ahí, contigo. Ahora eres tú el ejemplo para el resto de las mujeres.

 

Hazte una coleta y planta cara al machismo.

 

Si el día de mañana finalmente decides formar una familia, podrás contarle a tu nieta cómo en 2017 te dejaste la piel porque ella pudiese vivir en libertad. Explicarle por qué te entregaste a un mejor futuro para las mujeres de todo el mundo.

La única batalla que se pierde, es aquella que no se enfrenta.

 

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