Partirse la cara en el cuadrilátero era una buena forma de vida allá por los años 30. El boxeo gozaba de una repercusión similar (sino mayor) a la que podía tener el fútbol y era considerado un deporte de gran prestigio en todo el mundo. De todos los ejemplos de púgiles carismáticos, hay uno que despierta mi atención, un tal Isidoro Gaztañaga.

Bebedor, viajero, inestable, anarquista… Entrar a bucear en su vida es una pelea de leyendas urbanas, recortes de periódico y victorias por KO en todos los continentes. Él fue lo más cercano que la República tuvo de un boxeador oficial. Pero la política jamás le importó, podemos aprender mucho de este genio.

La historia de Isidoro Gaztañaga

Nació en 1905 en Ibarra, provincia de Guipúzcoa. Como muchos niños de su tiempo en el País Vasco, la familia al completo se dedicaba a la labranza y el campo. Fue el segundo de 7 hermanos y ya entonces tenía un físico prominente. Cuando alcanzó la mayoría de edad comenzó a trabajar en una cantera de su pueblo, aprendió a pelear en las timbas organizadas por los compañeros del gremio. Era conocido como el Martillo Pilón de Ibarra. Muy de clase todo.

sudadera república

Rivalidad con Paulino Uzkudun

Existía por aquellos tiempos otro boxeador guipuzcoano que recogía halagos y victorias allí donde pasaba, de nombre Paulino Uzkudun. Era 7 años mayor que Isidoro y también de origen rural. Paulino era aizkolari, como se conoce a los vascos que cortan troncos con el hacha, viene de –aizkora (hacha) y –lari (un sufijo utilizado para designar a la persona que hace algo) lo podemos entender como el que hace hacha. Los dos se pasaron al boxeo porque media hora encima del ring equivalía al salario de cortar árboles o estar en la mina durante 8 meses. Entre los pueblos de ambos había apenas 15 kilómetros e Isidoro conocía las historias de Paulino, al que consideraba un mito y por el que empezó a practicar boxeo.

Los años en París

Isidoro y Paulino coincidieron en París, en el gimnasio de la sala Anastasie, con el también boxeador aragonés Ignacio Ara, conocido como el catedrático de las doce cuerdas. Estaban bajo las órdenes de Jaime Balerdi que confiaba en los púgiles españoles para sus combates por el mundo. Corría 1925 y la república era aún una utopía. El propio Hemingway habla en sus novelas de esta mítica sala donde los boxeadores hacían de camareros las noches de combate.

El título de las dos Españas

Ambos, Paulino Uzkudun e Isidoro Gaztañaga, fueron tentados a retarse en un duelo en 1938. Defendiendo Paulino a la España sublevada e Isidoro al gobierno republicano. La verdad es que Isidoro nunca llegó a presentarse y las malas lenguas dicen que Paulino descansó tranquilo porque temía la derecha del púgil de su tierra. Isidoro acepto el duelo no por simpatía con la república sino porque se lo pidió un amigo suyo judío que había arreglado el encuentro. A última hora, Isidoró informó de que se encontraba en un burdel en Buenos Aires, Argentina. Tampoco dió muchas más explicaciones.

Una guerra que detuvo el boxeo en España

Paulino participó en la guerra en el bando sublevado y ejecutó pelotones de fusilamiento en su guipúzcoa natal. Pero Isidoro Gaztañaga, pese a manifestarse en contra del alzamiento, no quiso servir en el frente. Tenía miedo a la guerra. No le importaba partirse la cara en cualquier descampado, pero huía de las balas lo más lejos posible. La república quiso seducirle para que participase en campañas publicitarias a favor del bando republicano pero las ofertas nunca terminaron de cuajar. Se limitó a recorrer el mundo vistiendo los pantalones con la tricolor y llevarse de copas a sus contrincantes tras los combates.

Nunca sabremos si Isidoro era mejor que Uzkudun o viceversa. Posiblemente sea mejor así. Para poder contar la leyenda. Cuba, Estados Unidos, Alemania, Francia o Argentina, además de España, fueron las plazas donde el Martillo Pilón de Ibarra dejó patente el respeto de nuestro país por este deporte. Así lo recogía la prensa en alguna de las crónicas locales.

noticias isidoro gaztanaga

Isidoro con Toro

Isidoro ganando en Cuba

entrada combate

Fuente: Boxeo1930s

El lado oscuro del boxeador

Algunos boxeadores poseen un enigmático lado oscuro que contribuye a la épica de todo este deporte.  El caso de Isidoro Gaztañaga es uno de ellos. Era conocida su habilidad para tumbar a los adversarios tanto en el ring como en las tabernas, también se hizo famoso por su informalidad y continuos desplantes que obligaron a su manager a buscarle por hospitales y morgues. Aunque normalmente sólo estaba durmiendo ebrio en algún pintoresco lugar tras una pelea. Gaztañaga tenía su propio espíritu y no cualquiera se atrevía a plantarle cara. Así se lo decía a un periodista;

Cada uno sabe lo suyo y yo sé muy bien que las cosas a la fuerza no resultan nunca buenas. Lo que más me carga en esta vida es tener que hacer por fuerza lo que no tengo ganas. El otro día, no tenía apetito de pelear y así se lo dije al manager, pero él se empeñó en que boxeara, viniéndose con el cuento de que estaba el contrato firmado y tuve que subir al ring quieras o no. ¿Hay derecho a esto? Y como no lo hay, pues no quise pelear, ¿lo quieres más claro?

Los años por el mundo

También era conocido por guapo, y en su ruta por Estados Unidos le asignaron el sobrenombre Izzy el bello. Se dice que estuvo cerca de participar en el cine. Sus borracheras y líos de faldas provocaron que fuese inestable en su carrera profesional. Podía tumbar en un round al número 1 del mundo y perder contra un boxeador joven al día siguiente. No era una garantía en las apuestas y los demás boxeadores empezaron a rehusar jugar contra él.

Fué el caso del campeón americano Joe Louis que canceló un combate a última hora con Gaztañaga pero que destrozó a Uzkudun meses más tarde. El diario La voz recogía que el americano tenía miedo de nuestro protagonista. Pero a Isidoro no le importaba, podía partirse la cara en los bares todos los días. En Cuba, un contrincante que había almorzado poco antes del combate, se cagó literalmente encima después de un garrotazo de Isidoro al estómago.

Era un jugador inestable, sí, pero muy fuerte. Y todos lo sabían.

Isidoro Gaztañaga

Declive y muerte del martillo de Ibarra

A partir de la guerra vivió, como muchos otros deportistas, su particular exilio y declive. Declararse en contra del alzamiento provocó que el régimen le ignorase. El presidente de la federación de boxeo de España, médico personal de Franco, podría estar detrás de este boicot según recogen diferentes fuentes. En cualquier caso, Isidoro Gaztañaga no hizo muchos esfuerzos en ser aceptado y siguió su particular vuelta al mundo en 80 cuadriláteros hasta que una trágica noche de 1944, en un pueblo a medio camino entre Bolivia y Argentina llamado La Quiaca, salió como cualquier día a zurrarse fuera del bar con un tipo que no entendía nada de puños y le metió tres tiros.

Isidoro Gaztañaga tenía entonces 37 años. Se dice que en su declive aún le dió tiempo a pegar un par de puñetazos. Cayó en medio de la nada y la prensa se hizo eco de su muerte. El mismo asesino se arrepintió días después de haber provocado su muerte. Alegó además que era un hombre muy divertido y que las fiestas ya no serían lo mismo sin él. En fin, todo en la vida de Isidoro Gaztañaga fue épico.

Que vivan los antihéroes.

Súbe al ring con tus ideas

A Isidoro no le dió tiempo, si quieres coger el testigo y entrenar de acuerdo a tus ideas estás en el lugar correcto. Boxeadores, hemos pensado para vosotros esta sudadera republicana.

sudadera republicana

Fuentes;