Si el primer día todo había sido un camino de rosas, la segunda jornada del Shikillo se cubrió con alguna que otra espina. Principalmente porque ciertos «problemas técnicos» según la organización que terminaron por cancelar una noche que empezó con mucho retraso. A las 5 de la madrugada este servidor se fue a dormir, sin haber visto en el escenario ni a Talco, ni a Narco.

Empezó bien el día, los autobuses fletados por la organización iban y venían desde el camping hasta el pueblo en un abrir y cerrar de ojos. En las piscinas se llevó a cabo desde las 11 la Shikillo Battle y la mañana prometía una jornada de música y buen rollo. Así fue, al menos durante unas horas, Sonotone cogió el timón y abrió con su punk rock el apetitio de los presentes. Los madrileños estuvieron bien, con una actitud muy garagera y entregados al público que se empezaba a agolpar junto a las piscinas. Cayeron varios de sus singles más reconocidos y con «Señoras y Señores» el júbilo se instaló en el ambiente, quedó claro que la militancia del Shikillo tenía ganas de un poquito de actitud punk y los Sonotone lo pusieron encima de la mesa. Tras escucharles tengo más claro que todos vamos a morir.

En un apartado después del concierto me encuentro con Javier, voz del grupo que lleva 20 años y 8 discos dando guerra, es su primera vez en el Shikillo:

– El tema de los festivales se está moviendo mucho… nuestra música funciona muy bien en directo y ahora que no se estila lo de comprar discos es una gozada poder tocar en sitios como éste, con las piscinas y demás.

Cuando le pregunto por su estilo y la evolución dispara al batería:

– Siempre hemos sido muy seguidores de la música de Foo Fighters, OffSpring o Social Distorsion, pero con la llegada de Gonzalo, nuestro nuevo batería, empezamos a incorporar ritmos y sonidos más metaleros que nos dimos cuenta que funcionaban muy bien… nuestra música bebe del punk pero se ha ido transformando hasta lo que ofrecemos actualmente.

– Las letras las escribo yo -sigue el músico- están basadas en vivencias de la banda y con el tiempo se han ido haciendo cada vez más reivindicativas, sobre todo después de toda la mierda que hemos tenido que chupar tras la crisis.

De fondo escucho rugir las guitarras de King Sapo y Free City, para las dos de la tarde el ambiente anticipaba una gran jornada, agolpados sobre el escenario, subidos en un flotador o refrescándose en las bañeras junto a una cerveza toda la peña se complacía de su existencia. A mi alrededor la mitad de las caras llevan una sonrisa, la otra mitad tienen los labios ocupados en otra cosa. Me entra hambre así que busco un menú del día para reponer fuerzas.

Y empieza la tarde

Tras el café llegó la hora de La Kruel Band. El calor arruinó toda posibilidad de siesta para quien escribe estas líneas, era complicado pillar una sombra en las piscinas y las que había tenían dueñ@ desde primera hora. Me acerco al escenario movido por ritmos frenéticos, DJ, violín, letras pegadizas y una combinación de estilos que van desde el rap, hasta el reagge, el hardcore o el punk. Cualquiera que sea la etiqueta está fuera de lugar para este grupo de chavales de barrio a caballo entre Illescas y Getafe. Sin duda, una de las bandas de la jornada y desde luego una de las sorpresas de este escenario. Aproveché un rato mientras recogían para sacarles algo de información:

– Todos nosotros formábamos parte de distintos proyectos por separado, en diferentes estilos. Pero por cercanía y por amistad de vez en cuando quedábamos y hacíamos temas juntos, grabábamos o probábamos nuevos sonidos. Poco a poco el resto de los proyectos empezaron a quedarse estancados pero nuestra afición por tocar juntos seguía muy viva, además que no queríamos perder el local de ensayo que teníamos porque estábamos muy agusto. Quisimos tomarnos en serio lo de hacer un grupo nuevo y empezamos a recopilar todo lo que habíamos hecho hasta ese momento, más o menos así surgió el primer disco. Al ver la respuesta de la gente y que entre nosotros había química fue el momento de sacar un album de estudio (El botón del pánico, 2018)

Cuando les pregunto sobre cómo hacen para ensayar 6 personas de dos localidades distintas son igual de concretos

– ¡Pues cómo lo vamos a hacer! ¡Palmando pasta!

Aclaran tras unas risas:

– Nos desplazamos los de Madrid a Illescas. Es verdad que es un poco lío pero hay un componente emocional importante con esa zona y entre nosotros. Para empezar porque el ambiente en los locales es muy bueno, se esfuerzan por crear escena y casi siempre están montando algo nuevo. Nosotros venimos de una trayectoria muy centrada en el barrio, en lo cercano y en la música. Con la Kruel Band podemos reunir todas esos conceptos y ponerlos a sonar.

 

Un rato después salió al escenario un Jarfaitter escayolado de un brazo, visiblemente eufórico y con ganas de vacilar a la parroquia. El abulense dió un recital de rap que incluyó todos sus temas destacados Original Quinqui, Política de Parque e incluso alguna que otra improvisación, llegó a atreverse con una copla a capela pero en un abrir y cerrar de ojos las pistolas, el dinero y el barrio volvieron a salir a escena. Jarfaiter supo conectar con el público a pesar de que el calor quería hacerse notar. Cerró el escenario pisicinas por todo lo alto.

El pueblo nos lleva por sus calles hasta la parada del autobús donde los lugareños casi ni se fijan en nosotros. Entramos en un súper a reponer la nevera y a la salida me vuelvo a encontrar con los de La Kruel Band apunto de arrancarse a improvisar en la terraza de un bar. Les miro con admiración pero no hay tiempo que perder… en nada empieza el escenario principal.

El camping nos acogió durante una hora aproximadamente, lo suficiente para estirar el cuerpo, ducharse y cambiarse de ropa. Empiezan a rodar los minis de Kalimotxo y hay trompetas sonando de fondo. Alguien dice que van con retraso pero no me lo quiero creer… ponemos una playlist para ir calentando el ambiente hasta que se sepa cuando empiezan los conciertos. Suena La Raiz, Boikot, Extremo, Seguridad Social, Skap, La Polla, por sonar, suena hasta Taburete, que cuela en un anuncio de Spotify. Suena la música casi 40 minutos pero en nuestra mesa y a través de un altavoz… empiezo a preocuparme.

Una noche a medio gas

Algo pasaba, eso estaba claro. Los grupos no salían y desde la organización nadie daba señales. Aprovecho mi pase de prensa y me cuelo hasta el backstage en un intento por encontrarme con Talco, a los que quería entrevistar. Las caras dentro de la zona reservada son casi más largas que entre el público. Nadie dice nada pero se masca algo de tensión en el ambiente. Me encuentro con Juankar de Boikot y me dice que no es buen día para entrevistar, quiero pillar a Evaristo para hacerle un par de preguntas, me lo cruzo dos veces y a la segunda me lanzo. El de Tui me regatea pero lanza un alegato a favor de que todo el mundo se beba todo lo que hay «Sino se lo beberán ellos» dice, sin aclarar a que ellos se refiere «¡Menudos hijosdeputa!» acaba en voz alta.

Entrada la madrugada tuvimos la primera respuesta de la organización «Lo sentimos… tenemos problemas técnicos que estamos intentando solucionar» El público enfurece y marcha para el camping a la espera de novedades. Al de un rato ede camping en plena noche cerrada escuchamos de fondo lo que parece Gatillazo, salimos pitando para el recinto y efectivamente, Evaristo está en el escenario.

Lo hicieron bien los de Gatillazo, consiguieron despegar parte de la rabia acumulada en el público a base de aguerridos mensajes y mucha actitud. El calor se volvió a instalar en el público y la banda estrujó el escenario hasta convertir aquello en un grito unánime con «Esclavos del SXXI». La parroquia estaba lista para más música y es entonces cuando apareció Boikot.

Los de Madrid fueron la gran estrella de la noche, su propuesta incluía todo el bagaje que uno espera encontrar en un festival como éste, que lleva más de 8 ediciones. El himno de Rusia y una gran estrella de cinco puntas en el escenario hacían preveer lo que venía. Violines, trompetas, guitarras y baterías frenéticas pasaron por la discografía del grupo, cayeron temas clásicos pero también propuestas como Kalinka o el Himno de Riego versionado con Sean Ryans Polka, lo que convirtió por un momento el festival en una gran fiesta celta que, en el fondo, era lo único que hacía falta.

Poco más se puede contar, tras Boikot el silencio volvió al ruedo y casi a las 5 de la mañana la organización dio por concluida la jornada. Aún queda un día entero, veremos cómo resuelve la organización esta nueva oportunidad.