Ayer se vivió una buena noche de rock a este lado de la sierra de Gredos, posiblemente una de las grandes noches de rock de éste verano. Quizás los más puristas del Shikillo (que los hay) echaran en falta algo de diversidad en el estilo, pero a buen seguro disfrutaron con la calidad de la propuesta para la primera jornada. En el escenario principal del recinto se dieron cita voces revolucionadas, baterías impecables, guitarras crudas y bajos penetrantes. Las letras, aunque escondidas por las guitarras, ayudaban a pensar en el mal de amores, la amistad, el barrio o las peleas de bar. 

Y es que sí, ayer fue una noche de rock. De rock en español. 

Todo empezó un poco antes en un blablacar. Ricardo, como decía llamarse el piloto, enchufaba una playlist en su turismo para sobrellevar las casi dos horas desde Madrid. Hablamos de casi todo, pero sobretodo de música. Ricardo tenía las mismas ganas de llegar que yo así que rápidamente me ofreció una cerveza –Aún están frías, las he metido hace poco-  y así seguimos hasta el cruce que va al recinto del festival, donde patrullas de civiles con perros amenazaban con retrasar nuestra llegada. Falsa alarma, se entretienen con una furgoneta que va delante nuestro y pasamos sin problema. Ahora sí, ya estamos en el Shikillo.

Buena nota para la organización

El camping está ubicado en un encinar, con un camino marcado a ambos lados en color blanco y una barra al inicio donde reponer las neveras. Vestidos con chaleco azul, la gente de organización hace todo bastante fluído y pese a lo que había oído, el calor me ha dejado dormir. Buena nota para la organización en lo que a logística se refiere, las duchas y los baños están limpios y siempre hay gente para echar una mano. 

Me encuentro con mi grupo y camino los apenas 500 metros que separan el camping del recinto de conciertos, a mi derecha se está haciendo de noche y el sol deja un color brillante tras la Sierra de Gredos. De fondo escucho las guitarras de lo que más tarde se descubriría como Vuelo 505.

Vuelo 505 y El Desván

Se palpaba en el ambiente que el cabeza de cartel de aquella noche concentraba mucho interés, quienes se acercaron antes de medianoche pudieron disfrutar de la propuesta de Vuelo 505 quienes a pesar de la modesta asistencia de público supieron dejarse la piel. Mucha actitud y temas interesantes como Tierra Quemada que aúna con estilo el rock más clásico con influencias folk. Un rato más tarde me encontré con Rubén Fernández (guitarra y voz) y charlamos un poco, la banda acaba de sacar su nuevo disco junto a Dromedario Records y llevan todo el verano de concierto en concierto. En sus ojos brilla cierta ilusión, su humildad y actitud me han convencido. 

Doy un par de vueltas por el recinto hasta que llega la hora de escuchar a El Desván. Los navarros contaban con más público que los anteriores pero aún así el ambiente aún estaba algo frío. Su cantante intentó calentarlo tirando de empatía y conversación verbenera. Se puede decir que lo consiguió y que cuando la noche entró existió comunión entre público y artista. El estilo de El Desván se acerca al de los Marea, tienen una propuesta muy elaborada, armónicamente impecable y en la que se aprecia mucho trabajo detrás. En los bises se pudo escuchar su tema Perros de corral que terminó de encender a la parroquia y prepararla para lo que aún quedaba de noche. 

Doy otra vuelta, esta vez para conocer el ambiente y cruzarme con la fauna del lugar. Me encuentro con Lydia, poeta y militante del colectivo trans para quien es su primer festival. Nos quedamos charlando sobre género más de 10 minutos hasta que aparece en escena Juan, que ha venido a ver a Marea y se descubre como un filósofo político que se ha leído a los clásicos. Pienso que mi estómago tendrá hambre así que me escurro hasta los foodtruck y me abalanzo sobre las pizzas en porciones. Puede que yo tuviese mucha hambre, pero me supieron a gloria, 2,5€ la porción. Con el estómago lleno y mi mini de cerveza hasta arriba (3 tokens – 6 euros) me dispongo a disfrutar del cabeza de cartel. 

Los Marea

El concierto dió comienzo con un Kutxi pletórico, que bromeó y vaciló con la parroquia ataviado con una camisa negra y un fular de leopardo. Sacrificó la voz el artistas y su banda estuvo al pié del cañón para hacerle volar. Según el propio Kutxi, venían de pegarse una tarde memorable en las piscinas naturales.   

Fueron en torno a dos horas con un público entregado y una puesta en escena a la altura de las grandes ocasiones, los de Berriozar dejaron alto el pabellón y se metieron al público en el bolsillo. Tocaron varios temas de su nuevo álbum destacando Viernes Santo, cuya letra impacta:

Traía, en la ojeras, una luz

Brotando de la grieta que pintó

Quería que su romería fuese multitud

Y el de los brazos en cruz

Nunca, de ella, se acordó

y dejaron para el final clásicos más inmortales como La Rueca o Perro Verde. La banda está de gira y por lo tanto acompañada de un montón de amigos y conocidos a los que Kutxi fue sacando al escenario para cantar a dúo. Mención especial tuvo la cover de Perro Verde que hizo con Nava, guitarra y voz de Cableados. El público literalmente explotó de júbilo antes del final. 

Una noche bonita y sincera con el rock  como telón de fondo. Pronto a dormir que aún quedan dos jornadas de buena música.