‘’Hoy en día, tienes que hacer, para ser alguien públicamente, exponer tu intimidad en público continuamente, construirte un personaje con el cual tengas que estar a la altura del personaje que te construyes. Tienes que estar a la altura del personaje que te construyes en Instagram, donde todo el mundo siempre tiene vidas radiantes, siempre está viajando, feliz y con una vida de puta madre’’ (Jorge Moruno)

Con esa intervención del sociólogo Moruno comienza el tema Valerie Solanas del grupo dedicado al Rap político Los Chikos del Maíz. El tema (que más que tema es temón), a mi forma de ver puede resumirse en una frase; ‘’Stop making stupid people famous’’, y es que esa idea va de la mano de la crítica que pretendemos hacer en este artículo; El activismo del click.

Twitter se ha convertido (entre otras cosas) en un nido de supuestos progres. Un nido de supuestos progres que asimilan como único modelo el capitalista por su capacidad hegemónica (defendiendo la Tercera vía), pero van de moralistas acumulando seguidores y likes, convirtiéndose en eso que llaman influencers. Con un discurso que más que acabar con el sistema, lo parchea. En definitiva, es como intentar apagar un gran fuego (el capitalismo) con pequeños vasos de agua (el mensaje en redes sociales). Es lo que podemos llamar el activismo del click.

Habrá quien me llame flipada y mencionará eso de ‘’superioridad moral de la izquierda’’ por dirigirme a los supuestos progres como entes que perpetúan el sistema capitalista, pero, cada vez que ocurre una tragedia son los primeros en buscar ese casito con la típica foto y el famoso ‘’Pray for’’. Un Pray for sin argumentos rupturistas, un Pray for asumiendo que la culpa es del individuo y sus acciones.

Si el Amazonas arde, ellos apagan el fuego a golpe de click.

Si un supremacista blanco causa el terror a tiros contra todo un grupo de latinoamericanos, ellos no lo llaman terrorismo sino tiroteo, pero también se simpatizan con las víctimas a golpe de click.

Si el ártico se derrite y su fauna muere, ellos lo arreglan a golpe de click.

Y así podríamos seguir con la infinidad de casos que nos rodea a diario por esa saturación de información que producen las redes y la tiranía del click.

Eso sí, todo a un golpe de click introduciendo el típico ‘’el humano tiende a destruir […]’’, cuando más bien sería, como bien decía Marx, ‘’el capitalismo tiende a destruir […]’’.

En este caso, ‘’[…]tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y el ser humano.’’

Este hedonismo del like es una consecuencia directa del hiperindividualismo neoliberal.
Esta tendencia no es algo nuevo. En los 90’s, la caída del muro de Berlín y el colapso del socialismo real conllevó a lo que Francis Fukuyama título en su obra, El fin de las Historia, el triunfo del capitalismo posfordista que debía ser hegemónico al no tener competencia.

No solo supone, como ya hemos señalado, el cambio en el modelo económico, sino también en la política.

Fue la fragmentación de la lucha de clases (que también tuvo su paralelismo en las ciencias sociales, aquello que Josep Fontana definió como La historia en migajas) y que nos ha llevado a la trampa de la diversidad.

Por lo anterior, el discurso de clases es importante. Es tan importante, que en momentos donde los poderes antagónicos chocan como está pasando en la actualidad, en momentos previos a esa crisis cíclica donde todo antagonismo se agudiza, el capitalismo se apropia de cualquier colectivo para hacerlo suyo.

Tan es así, que ahora que sabemos que se aproxima una nueva crisis, ahora que todo choque late cada vez con más fuerza, el capitalismo se intenta apropiar de los movimientos que surgen como mareas.

En cuanto al feminismo, por ejemplo, vendiendo merchand. Camisetas, gorras, riñoneras. Claro, eso sí, fabricado en Bangladesh por niñas cosiendo a 1 euro al día.

Hace campañas ecologistas en empresas como Carrefour, que sustituye bolsas de plástico por mallas de algodón. La realidad es que Carrefour financió la campaña de Bolsonaro que niega el cambio climático, destroza el Amazonas y pone en venta territorios indígenas a grandes empresarios.

Hacen carreras contra el Cáncer o cualquier otra enfermedad, pero la realidad es que están detrás de esos partidos que intentan justificar la privatización de la sanidad

Permiten fiestas gigantes para el colectivo gay donde el motivo reivindicativo desaparece. Fiestas lujosas donde la mayoría son niños pijos, por lo que la opresión no le afecta tanto como al gay pobre. Un claro ejemplo lo tenemos en el político del Partido Popular Javier Maroto. Vox ha defendido innumerables veces la idea de no ver natural la homosexualidad, pero el PP no duda en pactar con ellos. La opresión es de clase, no de raza, género, y en este caso, condición sexual, mientras haya capital de por medio.

Estos ejemplos de domesticación de cualquier reivindicación por parte del sistema los nombro en casi todos los artículos que escribo relacionados con la problemática neoliberal, pero es que; Socialdemocracia y progresía delenda est.

Carmen Romero Gómez